
> Basado en el trabajo de nuestros socios de Metabolic Healing (Michael McEvoy). Lee el artículo original: Normalizing Glucose & Insulin Powerfully Decreases Inflammation
La resistencia a la insulina y la inflamación de bajo grado se alimentan mutuamente: el exceso de grasa abdominal libera señales inflamatorias que hacen que tus células respondan menos a la insulina. La alimentación, el movimiento, el sueño y tus genes influyen en este círculo. Cualquier cambio importante conviene comentarlo con tu médico.
La inflamación es el sistema de alarma de tu cuerpo. Una respuesta corta e intensa te ayuda a sanar una herida o a combatir una infección. El problema es una inflamación silenciosa y de bajo grado que nunca se apaga del todo, y una de las cosas que más la mantienen encendida es la dificultad para regular el azúcar en la sangre.
Esto importa mucho en México, donde la prediabetes y la diabetes tipo 2 son muy comunes. Te explicamos cómo interactúan la glucosa, la insulina y la inflamación, cómo medirlas y qué hábitos tienen evidencia detrás.
Después de comer, la glucosa entra a la sangre y el páncreas libera insulina, la hormona que permite que el músculo, el hígado y la grasa capten esa glucosa. Con resistencia a la insulina, esas células responden menos, así que el páncreas compensa produciendo más. Durante años el azúcar puede verse normal mientras la insulina sube en silencio. Con el tiempo el páncreas ya no alcanza, la glucosa sube y aparecen la prediabetes o la diabetes tipo 2.
El exceso de grasa abdominal, el sedentarismo, dormir mal, algunos medicamentos y la genética contribuyen.
El metabolismo y el sistema inmune no son sistemas separados. Los científicos los describen como profundamente entrelazados: muchas de las vías que detectan nutrientes también detectan amenazas, y cuando esa red compartida se desequilibra puede impulsar la obesidad, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares [[1]](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/17167474/). El tejido graso agrandado, sobre todo en el abdomen, libera señales inflamatorias que vuelven a las células todavía menos sensibles a la insulina, y se forma un círculo.
La inflamación también puede aparecer años antes de la diabetes. En un estudio dentro de una gran cohorte de mujeres estadounidenses sanas de mediana edad, las que desarrollaron diabetes tipo 2 en cuatro años tenían al inicio niveles más altos de dos marcadores inflamatorios, la proteína C reactiva (PCR) y la interleucina 6 (IL-6). Las mujeres con la PCR más alta tenían unas 16 veces el riesgo de las que la tenían más baja; después de tomar en cuenta el peso, los antecedentes familiares, el tabaco, el ejercicio y otros factores, la diferencia seguía siendo de unas cuatro veces para la PCR [[2]](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11466099/). Es una asociación, no la prueba de que la inflamación cause diabetes, pero respalda la relación.
La glucosa alta de forma sostenida también daña proteínas mediante un proceso llamado glicación, y se cree que los compuestos que resultan suman estrés oxidativo e inflamación con el tiempo.
Tu médico normalmente diagnostica la prediabetes y la diabetes con glucosa en ayunas, HbA1c y a veces una curva de tolerancia a la glucosa (mira nuestra guía de la curva de tolerancia a la glucosa). Otros estudios pueden dar contexto:
No hay un número de insulina "perfecto" que aplique a todos. Los métodos y los rangos de referencia cambian entre laboratorios, y los resultados se deben leer junto con tu glucosa, tu peso, tus antecedentes familiares y otros marcadores. Pide a tu médico que los interprete en conjunto en lugar de perseguir una sola cifra.
No necesitas una dieta extrema. En un ensayo aleatorizado de dos años con 180 adultos con síndrome metabólico en Italia, las personas a las que se les enseñó a comer al estilo mediterráneo (más cereales integrales, fruta, verdura, nueces y aceite de oliva) tuvieron PCR e IL-6 más bajas, menos resistencia a la insulina y mejor función de los vasos sanguíneos que quienes siguieron una dieta "prudente" estándar. También bajaron más de peso, y al final solo 40 de ellos seguían cumpliendo los criterios de síndrome metabólico, frente a 78 en el grupo control [[4]](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/15383514/).
Puedes aplicar los mismos principios con comida mexicana:
Cada persona responde distinto a los mismos alimentos, así que el mejor patrón es el que puedes sostener y que le queda a tu cuerpo.
El ejercicio hace que los músculos capten glucosa necesitando menos insulina, y el beneficio se acumula. Un metaanálisis de 47 ensayos aleatorizados con más de 8,500 personas con diabetes tipo 2 encontró que el ejercicio estructurado (aeróbico, de fuerza o ambos) bajó la HbA1c en unos 0.67 puntos porcentuales. Los programas de más de 150 minutos a la semana se asociaron con reducciones mayores (0.89 puntos) que los más cortos (0.36 puntos). El simple consejo de "moverse más" solo ayudó cuando se combinó con orientación sobre alimentación [[5]](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21540423/).
Una meta práctica: unos 30 minutos de caminata rápida casi todos los días, más dos o tres sesiones cortas de fuerza a la semana. Incluso caminar 10 minutos después de comer puede suavizar el pico de glucosa.
Los genes también influyen en el riesgo de diabetes. Lee más en nuestro artículo sobre cómo influyen los genes en la diabetes tipo 2.
Pueden hacerlo. El Test nutrigenético NGx analiza 70 marcadores en 59 genes e incluye metabolismo de carbohidratos y grasas, FTO y marcadores de inflamación. No diagnostica ninguna enfermedad: es información para platicar con tu médico o nutriólogo. El Test farmacogenético PGx, por su parte, muestra que la forma en que las personas procesan algunos medicamentos varía; consulta a tu médico sobre cualquier tratamiento. Conoce la prueba genética de Ajolote Azul y lee sobre la genética y la diabetes tipo 2.
Se alimentan mutuamente. El tejido graso agrandado libera señales inflamatorias que empeoran la resistencia a la insulina, y la glucosa y la insulina altas se asocian con marcadores inflamatorios más altos, como la PCR.
No hay un punto de corte universal; los rangos de referencia cambian según el laboratorio. Tu médico puede combinar la insulina y la glucosa en ayunas en el HOMA-IR e interpretarlo junto con la HbA1c, el peso y otros factores de riesgo.
En un ensayo de dos años con personas con síndrome metabólico, una dieta de estilo mediterráneo bajó la PCR, la IL-6 y la resistencia a la insulina en comparación con una dieta estándar.
En un gran metaanálisis, el ejercicio estructurado de más de 150 minutos a la semana se asoció con mayores reducciones de HbA1c que los programas más cortos.
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Este artículo es solo informativo y educativo; no sustituye la consulta, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional de la salud. Habla con tu médico antes de cambiar tu alimentación, tus medicamentos o tus suplementos.
Basado en el trabajo de nuestros socios de Metabolic Healing (Michael McEvoy). Lee el artículo original: Metabolic Healing
Especialista en bienestar, nutrición y salud integral. Apasionado por compartir conocimiento basado en ciencia para mejorar la calidad de vida.
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