
> Basado en el trabajo de nuestros socios de Metabolic Healing (Michael McEvoy). Lee el artículo original: Iron Deficiency & Hypothyroidism: Common Patterns
El hierro y la tiroides están relacionados: la enzima TPO, que fabrica la hormona tiroidea, contiene hierro, así que la falta de hierro puede afectar su función. Por eso los síntomas se parecen y las dos condiciones suelen coincidir. Antes de tomar suplementos de hierro, consulta a tu médico para que revise tus análisis.
Andar sin energía, con frío y con la mente nublada es fácil de achacar a la tiroides. Pero hay otro problema muy común que da un cuadro parecido o lo empeora: la falta de hierro. Las dos condiciones coinciden más seguido de lo que mucha gente cree, y cada una puede mantener a la otra.
En esta guía te explicamos cómo dependen el hierro y la hormona tiroidea uno del otro, qué estudios ayudan a aclarar las cosas y por qué conviene hablar con tu médico antes de tomar suplementos de hierro.
El hipotiroidismo significa que la tiroides no produce suficiente hormona (T4 y su forma activa, T3). En muchos casos la causa es autoinmune: en la tiroiditis de Hashimoto, el sistema inmune ataca la glándula, con frecuencia a una enzima llamada tiroperoxidasa (TPO). Por eso a veces el médico pide anticuerpos "anti-TPO". Otros casos tienen causas distintas, como cirugía, radiación, algunos medicamentos o problemas con el yodo.
Como casi todas las células responden a la hormona tiroidea, una tiroides lenta puede afectar la energía, la temperatura del cuerpo, la digestión, el colesterol, el ánimo y los ciclos menstruales.
La TPO es la enzima que pega el yodo para fabricar la hormona tiroidea, y contiene hemo, la misma estructura con hierro que hay en la hemoglobina. Las revisiones sobre nutrición y tiroides lo dicen claro: la deficiencia de hierro reduce la actividad de la TPO y afecta la síntesis de hormona tiroidea. Los mismos autores señalan que la tiroides también depende del yodo, el selenio y el zinc, y que tener varias de estas deficiencias al mismo tiempo puede debilitar todavía más su función. La anemia por falta de hierro incluso hace que los suplementos de yodo funcionen peor [[1]](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/12487769/).
La investigación en animales muestra el tamaño del efecto. En ratas jóvenes alimentadas con dietas bajas en hierro durante cuatro semanas, bajaron la hemoglobina, la T3 y la T4, y la actividad de la TPO cayó entre 33% y 56% según qué tan grave era la deficiencia [[2]](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/12097675/). Fue un estudio en ratas, así que las cifras no se trasladan tal cual a las personas, pero respalda la idea de que el hierro importa para la tiroides.
La relación también va en sentido contrario. La falta de hormona tiroidea puede frenar a la médula ósea y se ha relacionado con cambios digestivos que podrían reducir la absorción de minerales, así que las personas con hipotiroidismo también pueden terminar con anemia. El resultado puede ser un círculo en el que un problema alimenta al otro.
La deficiencia de hierro es una de las principales causas de mala salud en el mundo, y afecta sobre todo a niñas y niños, a mujeres que menstrúan y a personas con menos recursos. Algo importante: puedes tener síntomas y problemas por falta de hierro antes de que tu hemoglobina baje al rango de anemia [[3]](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33285139/).
Por eso una hemoglobina normal no siempre resuelve la duda. Pregúntale a tu médico por un panorama más completo:
La misma revisión insiste en que siempre hay que buscar la causa de la falta de hierro: reglas abundantes, embarazo, alimentación, sangrado en el tubo digestivo o mala absorción. Muchas veces vale la pena descartar enfermedad celíaca, y los hombres y las mujeres posmenopáusicas con anemia por falta de hierro suelen necesitar una endoscopia para buscar sangrado [[3]](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33285139/).
Cuando se confirma la deficiencia, tu médico puede valorar hierro oral como primera opción, o hierro intravenoso cuando las tabletas no funcionan o no se toleran [[3]](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33285139/). Lo que no conviene es tomar hierro "para la tiroides" sin estudios:
La forma en que tu cuerpo maneja el hierro es en parte heredada. Un gran estudio genético con hasta 48,972 personas encontró 11 regiones del genoma relacionadas con los niveles de hierro, entre ellas genes muy conocidos como HFE, TF, TFR2 y TMPRSS6 [[5]](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/25352340/). Variantes como estas ayudan a explicar por qué dos personas que comen parecido pueden tener ferritinas muy distintas, y por qué en algunas personas el médico debe valorar con cuidado el uso de suplementos de hierro.
La genética no sustituye los análisis de sangre. Les da contexto: puede ayudarte, junto con tu médico, a entender por qué tus niveles salen como salen.
Pueden hacerlo. El Test nutrigenético NGx analiza 70 marcadores en 59 genes e incluye marcadores de hierro, tanto de sobrecarga de hierro como de bajo estado de hierro. No diagnostica ninguna enfermedad ni evalúa tu tiroides: es información para platicar con tu médico. Conoce la prueba genética de Ajolote Azul y mira otro ejemplo de cómo los genes influyen en los nutrientes en el gen VDR y la vitamina D.
La falta de hierro puede reducir la actividad de la TPO, la enzima que fabrica la hormona tiroidea, y la investigación relaciona la deficiencia de hierro con una peor función tiroidea. Suele ser un factor entre varios, así que conviene revisar tanto el hierro como la tiroides.
Solo si los estudios confirman que lo necesitas. Tu médico revisará ferritina, saturación de transferrina y biometría hemática, y buscará la causa de la deficiencia antes de elegir una dosis.
Se suele recomendar una separación de al menos cuatro horas, porque el hierro puede unirse a la hormona y reducir su efecto. Pregunta a tu médico o farmacéutico por tu horario específico.
Sí. Las variantes en genes como HFE, TF y TMPRSS6 influyen en la absorción, el transporte y el almacenamiento del hierro, y es una de las razones por las que los niveles varían tanto entre personas.
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Este artículo es solo informativo y educativo; no sustituye la consulta, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional de la salud. Habla con tu médico antes de cambiar tu alimentación, tus medicamentos o tus suplementos.
Basado en el trabajo de nuestros socios de Metabolic Healing (Michael McEvoy). Lee el artículo original: Metabolic Healing
Especialista en bienestar, nutrición y salud integral. Apasionado por compartir conocimiento basado en ciencia para mejorar la calidad de vida.
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